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Aproximaciones a la A.I. y COVID-19.




La inteligencia artificial (I.A) se define como la combinación de algoritmos proyectados con el propósito de crear máquinas que manifiesten las mismas habilidades y capacidades del ser humano. Ha emergido de la mano con la tecnología y nos resulta aún muy lejana y misteriosa, pero al mismo tiempo se encuentra presente en nuestro día a día en todo momento. Es una disciplina que se enfoca en la creación y programación de maquinarias con el propósito de realizar tareas que requieran la misma inteligencia de un ser humano, ejemplos claves son los programas computacionales lúdicos, como el ajedrez virtual. Así mismo, programas para la contingencia mundial que evalúen incluso la probabilidad de estar contagiados por COVID-19.


Tenemos que remontarnos a mediados del siglo XX, el cual podemos visualizar a través del imaginario colectivo, ya que, en esos años, estaba en su pleno apogeo la academia de la Ciencia Ficción (1938 en adelante), y la oficialización del término I.A no sucedió sino hasta el año 1956, la cual acuña su término en la Conferencia de Dartmouth, sin embargo, antes de ese acontecimiento ya se estaba trabajando el concepto de "Machine Intelligence".

Generó bastante polémica la I.A en esos años, ya que no se podía concebir la idea real de que una máquina sin vida pudiera realizar procedimientos humanos como por ejemplo pensar, lo cual generó muchos debates filosóficos y éticos respecto a la esencia y existencia del ser humano, entablando como posibilidad de que las capacidades del ser humano podían ser replicadas y clonadas por una máquina.


La visión de I.A más respetada en la actualidad es la del científico Marvin Minsky (EE.UU), considerado uno de los padres de la Inteligencia Artificial, quien fue cofundador del laboratorio de IA del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) define la IA como: "una disciplina que se encarga de crear máquinas programadas que sean capaces de hacer cosas que requieren la misma inteligencia que si fuesen hechas por humanos".


No podemos olvidar la importancia de los aportes en el campo de la Inteligencia Artificial que generó Alan Turing, uno de los padres de la informática, quien fue el creador de la famosa Prueba de Turing o Test de Turing, el cual es un examen que evalúa la capacidad de una máquina para exhibir un comportamiento inteligente similar al de un ser humano. Éste propuso que un humano evaluara conversaciones en lenguaje natural entre un humano y una máquina diseñada para generar respuestas similares a las de un ser humano, el evaluador sabría que uno de los participantes de la conversación es una máquina y que los intervinientes serían separados unos de otros. La conversación estaría limitada a un medio únicamente textual como un teclado de computadora y un monitor por lo que sería irrelevante la capacidad de la máquina de transformar texto en habla. En el caso de que el evaluador no pueda distinguir entre el humano y la máquina acertadamente (Turing originalmente sugirió que la máquina debía convencer a un evaluador después de 5 minutos de conversación), la máquina habría pasado la prueba. Esta prueba no evalúa el conocimiento de la máquina en cuanto a su capacidad de responder preguntas correctamente, solo se toma en cuenta la capacidad de esta de generar respuestas similares a las que daría un humano.






Debido a que la Inteligencia Artificial (I.A) funciona a través de algoritmos, se torna necesario definir qué son los algoritmos; el Profesor Rodrigo González Fernández (Académico de la Universidad de Chile) miembro del Centro de Estudios Cognitivos de la Facultad de Filosofía y Humanidades los define como "básicamente son un conjunto de reglas finitas que tienden a la resolución de un problema, siendo una de ellas recursiva, por lo que si no se satisface una condición se vuelve al paso uno sucesivamente hasta que se soluciona" como por ejemplo el conocido algoritmo de Euclides, el cual permite determinar el máximo común denominador entre dos números.


Los algoritmos tienen una relación directa entre la Inteligencia Artificial y la Automatización de los Procesos, ya que como se mencionó anteriormente, estos aplican el conjunto de reglas finitas dirigida hacia la resolución de un problema hasta que se satisface la condición establecida en la regla recursiva, lo cual significaría que se lograría solucionar el problema original, aplicándose estos principios en los programas de Inteligencia Artificial para que puedan resolver problemas específicos.


Para el COVID-19 en el ejemplo nombrado al principio del artículo (En China), se utilizó una inteligencia artificial para detectar la probabilidad de contagios, básicamente son programas computacionales que entregan la probabilidad de que una persona esté contagiada mediante procedimientos algorítmicos, con ciertas reglas que permiten que procese la información hasta llegar a un resultado. De esta forma, el sistema de Inteligencia Artificial parte de parámetros como temperatura, tos o dolor de garganta, a los que se le aplica de forma sucesiva una serie de reglas, por ejemplo, si tiene más de 37 de fiebre, pasa al siguiente paso, que es tos profusa, si la tiene pasa al otro paso, que es dolor de garganta aguda, y si también la pasa, llega al diagnóstico, que sería que es muy probable que tenga coronavirus. En cambio, si una de estas condiciones no se cumple, el paciente no tiene dolor de garganta aguda, el programa reinicia el algoritmo y descarta la presencia de la enfermedad.

Debido a la aplicación de estos algoritmos, un concepto surgido en matemáticas pero que hoy se utiliza en campos como las ciencias de la computación o la lógica, se afirma que es posible automatizar procedimientos para solucionar problemas complejos mediante Inteligencia Artificial, tal como si fueran realizados por seres humanos, abriendo amplias posibilidades para futuras innovaciones y debates en este campo.

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